El espacio natural con mayor biodiversidad de Europa

EL ROCÍO

Nace alrededor de la ermita cuando a finales del siglo XIII, Alfonso X El Sabio la erige junto a la marisma bajo la advocación de Ntra. Sra. Santísima de las Rocinas para que fuera venerada por los lugareños y los comerciantes que pasaban por la zona. Desde el siglo XIII hasta el siglo XIX, la aislada ermita ve como en el año 1834, una epidemia amenaza a Almonte y un grupo de almonteños decide marcharse del pueblo para instalarse a su alrededor, dando esto lugar al origen de lo que hoy conocemos como la aldea del Rocío, donde aun hoy quedan algunas chozas que recuerdan a aquellos primeros pobladores. Hoy día, su particular arquitectura urbana, grandes casas blancas con porches y calles de arena la dotan de un aire peculiar e inconfundible que a nadie deja indiferente.

 

MATALASCAÑAS

En el extremo sur de Doñana y a 15 kilómetros de El Rocío la playa de Matalascañas ocupa el lugar central de las playas de Almonte. Cinco kilómetros de litoral junto a la antigua Torre Almenara de vigilancia, tumbada sobre el mar tras el terremoto de Lisboa y símbolo internacional de esta playa que guarda, además, el singular privilegio de poseer el único acceso posible, a pie, a las playas del Espacio Natural Doñana, 40 kilómetros en los que disfrutar del mar y la naturaleza. La urbanización de Matalascañas es de nueva creación, de la segunda mitad del siglo XX, anteriormente nadie vivía allí excepto pescadores y aquellos que pasaban la temporada estival con su familia en chozas hechas de cañas. Matalascañas ha sido destino turístico internacional, muy cotizado por la población alemana, la cual atraída por sus extensas playas vírgenes, sus largas horas de sol y sus bellos atardeceres, la elegía como destino estival de descanso.

Su clima mediterráneo, sus arenas finas y blancas y tres mil horas de sol al año convierten a Matalascañas no sólo en un destino ideal en verano, sino en un apetecible refugio para quienes practican actividades al aire libre el resto del año. Nuestras playas son punto de encuentro para quienes desarrollan actividades deportivas concretas y especializadas, como es el caso de los golfistas o los practicantes de deportes náuticos entre otros. Matalascañas cuenta un campo de Golf ecológico de 18 hoyos, inserto dentro del Parque Nacional de Doñana, que cuida el medio ambiente y cuenta con cuatro lagos que son zona de cría para aves acuáticas.

 

DOÑANA

Es una enorme extensión protegida que atesora una riqueza biológica de reconocida importancia internacional. Parque nacional, Reserva de la Biósfera y Patrimonio de la Humanidad, este territorio está formado por diferentes ecosistemas, entre los que destaca la zona de marisma del río Guadalquivir. Situado en su mayor parte en la provincia de Huelva, el conjunto natural de Doñana se encuentra en una comarca de gran relevancia cultural, que tiene en la romería de El Rocío su principal seña de identidad.

El ciclo estacional es de gran importancia para el complejo y rico entramado ecológico de Doñana, cuyas características varían en las diferentes épocas del año. Si bien cualquier estación es propicia para visitar tanto el Parque Nacional como el Natural, primavera y otoño son especialmente gratas para disfrutar plenamente, dada la mayor probabilidad de encharcamiento de las marismas, la densidad de las poblaciones de aves y la bondad del clima. Si se quiere visitar el Parque Nacional, éste cuenta con cinco centros de visitantes ubicados en las provincias de Cádiz, Huelva y Sevilla que permanecen abiertos durante todo el año, con excepción de la semana de la romería de El Rocío y durante las fiestas navideñas.

A los recorridos que comienzan en estos tres centros de visitantes hay que sumar en este sector del parque el sendero dunar, un entablado de un 1,5 kilómetros de longitud y al que se accede desde el límite del Parque Nacional con el extremo este de la urbanización de Matalascañas. Transitarlo nos permitirá apreciar la formación de las primeras dunas móviles y el frente dunar, la playa y los bosques de pinos piñoneros.

En España la legislación vigente permite el tránsito peatonal por todo su perímetro costero, y las playas pertenecientes al parque no son una excepción. Partiendo de Matalascañas se puede recorrer un bellísimo tramo de costa de más de treinta kilómetros que discurre entre el océano Atlántico y la imponente muralla de dunas. En dirección sureste conduce hasta la margen derecha de la desembocadura del Guadalquivir, frente a la población gaditana de Sanlúcar de Barrameda.

El Parque Nacional pone también a disposición de los visitantes la posibilidad de visitar el interior de Doñana en itinerarios diferentes que se realizan en vehículos todo terreno. En estos recorridos la reserva es obligada y están sujetos al pago de una tarifa. Si bien su control y seguimiento es responsabilidad de la administración, su realización es llevada a cabo por diferentes empresas privadas que disponen de la correspondiente concesión. Los itinerarios onubenses, gestionados por la cooperativa 'Marismas del Rocío', parten del Centro de Visitantes de El Acebuche, y durante cuatro horas se adentran en el Parque Nacional realizando paradas en diferentes puntos de los ecosistemas más señalados. Los conductores de los vehículos son también guías expertos que informan a los viajeros de detalles, incidencias y avistamientos de fauna durante el recorrido.

No debemos olvidar que el entorno del Parque Natural, que rodea de forma discontinua al Parque Nacional y tiene un tamaño similar, presenta menores restricciones y puede visitarse con mayor libertad. La coincidencia de ciertos paisajes y ecosistemas hacen del Parque Natural, hábitat o lugar de paso de numerosas especies, como el esquivo lince ibérico. En el parque se localizan espacios tan singulares como las marismas de Hinojos, el complejo palustre de Ribetehilos o las lagunas del Abalario. Otra visita recomendada son las espectaculares dunas del Asperillo, que pueden transitarse por un recorrido de pasarelas de madera de 1,2 kilómetros denominado 'Cuesta de Maneli'. Se trata de un delicioso paseo flanqueado por pinares y una densa vegetación arbustiva que atraviesa las únicas dunas fósiles que se conservan en Doñana, para terminar en un acantilado que nos ofrece una vista del océano Atlántico.

 

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