La vuelta a casa

La estancia de la Virgen del Rocío en Almonte finaliza justo la semana antes a la celebración de la Romería de Pentecostés. Siguiendo el mismo Camino de Los Llanos de la ida, la imagen es portada, de igual manera, a hombros de sus hijos vistiendo las galas de Pastora, si bien, en este caso, el trayecto se realiza de día. Tras salir de la Parroquia de la Asunción, la imagen se despide de su pueblo recorriendo sus calles por el mismo itinerario de la Venida hasta llegar a El Chaparral, en cuyo templete se le cubre el rostro con el tradicional pañito y se le protege con el guardapolvos con el que ya recorrerá todo el trayecto hacia su aldea. Esto ocurre al amanecer del día, de forma que queda cubierta al asomar el primer rayo de sol de la jornada.

Arropada por miles de personas, la Virgen arriba a El Rocío a la caída de la tarde, de forma que es descubierta en el mismo templete de madera, romero y papel de seda blanco donde se le tapó a la ida. Su rostro quedará a la mirada de los fieles también con el último rayo de sol del día, tras lo que completará el recorrido que le lleve de nuevo a su altar para aguardar la inminente Romería del Rocío y una nueva espera de siete años hasta el siguiente traslado.

Desde Almonte a la Aldea

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.Aceptar