La estancia de la Virgen del Rocío en Almonte es el periodo más especial en la vida del pueblo y de sus vecinos, no ya de ese año en curso, sino de los siete anteriores que dura la espera. Por eso, una vez que llega, Almonte cambia por completo hasta en la manera en que late. El desarrollo de cada día gira en torno a la visita a la Parroquia de la Asunción, desde donde la Blanca Paloma preside la vida de sus gentes.

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