La estancia de la Virgen en Almonte

Los nueve meses de estancia de la Virgen del Rocío en Almonte son los más especiales en la vida del pueblo y de sus vecinos, no ya de ese año en curso, sino de los siete anteriores que dura la espera. Por eso, una vez que llega, Almonte cambia por completo hasta en la manera en que late. El desarrollo de cada día gira en torno a la visita que sus hombres y mujeres, jóvenes y mayores, giran a la Parroquia de la Asunción, desde donde la Blanca Paloma, por un tiempo con sus galas de Pastora, por un tiempo con las de Reina, preside la vida de sus gentes.

Son nueve meses cargados de actividades. Están las que forman parte de la tradición más íntima del municipio, como la Salve que se le reza a la Virgen cada día, a las nueve de la noche, y por la que se abarrota la Iglesia. Están también las guardias, turnos completos de acompañamiento a la imagen durante cada noche, con el templo cerrado y los propios hombres y mujeres de Almonte custodiando a su Madre. También las hay de un marcado calado rociero, como las peregrinaciones extraordinarias que realizan las hermandades filiales a partir del mes de octubre y que cambian su escenario habitual en El Rocío por las calles almonteñas.

A todo ello hay que unir el calendario de eventos y actividades de diferente naturaleza que organizan el Ayuntamiento, la Hermandad Matriz y otros muchos colectivos de la localidad que hacen de Almonte un pueblo aún más radiante que de costumbre viviendo de pleno sus nueve meses de felicidad.

 

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