La arquitectura efímera
La arquitectura efímera popular que se alza en las calles de Almonte y en algunas plazas con motivo de la Venida de la Virgen ha consistido a lo largo de las últimas Venidas en arcos y templetes de madera forrados con papel rizado blanco. Antiguamente, el exorno era mucho más modesto y consistía en arcos de romero adornados en sus laterales con las mejores colchas de los vecinos. Según los viejos almonteños, cuando aún no había luz eléctrica en el pueblo, se colocaban, entre arco y arco, altos palos culminados con antorchas de brea para iluminar una noche de espera hasta la llegada de la Virgen al pueblo al amanecer.
Con el paso de los años, los arcos han ido ganando en monumentalidad, coste y elegancia, y la iluminación es un derroche de bombillas. La preparación del exorno constituye una de las actividades populares más comunitarias: son vecinas de las calles por donde pasa la procesión las que organizan la recogida de donativos en las calles aledañas: “para el arco”, “para la Virgen”. Esta actividad dura más de un año. Posteriormente, grupos de vecinas cortan el papel, pegan las tiras y forran finalmente los arcos construidos por encargo de carpinteros locales, que destacan por su habilidad artística.

El primer carpintero que hizo una obra arquitectónica de madera en la plaza del Ayuntamiento fue Juan Muñoz Fernández, hombre singular y admirado por el pueblo, que murió en 1983, ya a una edad avanzada. Continuaron su labor dos discípulos suyos destacados: Juan Antonio Acosta Báñez y Matías Aceitón Vega. Cada uno, con su estilo peculiar, ha diseñado y construido montajes que han contribuido de una forma valiosa a la brillantez y engrandecimiento de la celebración más importante del pueblo de Almonte: el traslado de su Patrona, la Virgen del Rocío.

Corresponde al ayuntamiento, diseñar y montar el espectacular y monumental adorno de la Plaza Virgen del Rocío, así como los templetes que se instalan en El Rocío y en el Alto del Molinillo de El Chaparral, que son los lugares donde se le pone el pañito y donde se le descubre el rostro, respectivamente. Juan Antonio Acosta Báñez, maestro carpintero, fue el artista local encargado de diseñar y dirigir el exorno principal de las últimas Venidas, renombrado desde las dos últimas como la catedral efímera.

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