Eran las 14.45 horas de este lunes 19 de agosto, cuando terminaba la espera de siete años. Justo en ese instante, Almonte atravesó la reja del presbiterio y tomó en sus hombros a su Madre, la Virgen del Rocío. Sólo unos segundos después de que los santeros retiraran del altar las flores y los candelabros que quedaban. Ahí se desató la pasión del encuentro más esperado. Ya fue imposible contener más tiempo el impulso. Con el Santuario a rebosar y la explanada, a rebosar también. Bajo un fuerte calor reinante, aunque tamizado por las brisas de aire que aliviaron los rigores propios de este cénit del verano. En apenas ocho minutos, la Virgen del Rocío hizo acto de presencia bajo la concha de su casa y se mostró esplendorosa a las miles de personas que, hasta entonces, habían alimentado sus ganas de verla con el run run que llegaba de dentro. Ya en la calle, ya era de todos…

 

Permaneció bastante tiempo en los aledaños del templo, pasando y posando bajo la bóveda recuperada de la antigua Catedral Efímera, en lo que fue una de las primeras estampas inéditas de esta Venida de 2019 y donde Francisco Jesús Martín Sirgo, párroco de Almonte y director espiritual de la Hermandad Matriz, le rezó la primera Salve. En la esquina de la explanada con la calle Moguer, la primera avanzadilla de las Abuelas Almonteñas, admiradas por tantos por el privilegio de portar en sus manos los enseres de la Pastora, por ser sus guardianas hasta que llegue a Almonte. Las salvas de escopeta sonaron jubilosas y un océano desbordado de gente iba y venía, de verla a buscarla, por cada una de las calles de la aldea, radiantes de felicidad y de alegría que ya no tenía que estar contenida.

 

La Virgen llegó a las puertas de la casa de hermandad de la Matriz de Almonte a las 16:30 horas, donde se detuvo casi media hora, compartiendo también sus visita con la Hermandad de Moguer. Y fue pocos minutos después de las 17 horas cuando cruzó el arco levantado una Venida más por la Hermandad de Huelva. Le aguardaba por delante cada vez más gente y todo su recorrido cubierto de un cielo blanco de seda levantado sobre pilares de eucalipto y romero. Las hermandades a su paso (Gines, Granada, Trigueros, Bonares…) lucían exornadas también para darle la mejor bienvenida y tributarle el más cálido hasta luego. Sensaciones siete años dormidas que despertaron como si fueran nuevas, como si fuera la primera vez, hasta ese momento culminante de llegar al Altar del Pañito, donde el postrero rayo de sol de la tarde fue quien le vio el rostro por última vez hasta que el primer destello de mañana lo vuelva a descubrir después de quince kilómetros de multitud y de camino junto a Ella.

 

 

Fotos ALBERTO DÍAZ

Y llegó la hora del encuentro…

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